“Pensamiento recurrente”

Todos los días pienso en ti

A veces, olvido tu carta y solo recuerdo mi respuesta

A veces, viaja por mi torrente el vínculo culpable, pero lo detiene el escepticismo

Aunque justo antes de ese freno, llueven cántaros de imágenes:

la liga negra que pasabas de mi brazo al tuyo,

el reloj que dejaste en mi estancia

y el que se deshizo,

los peldaños cómplices de tu piso 13,

el sobresalto y las respiraciones agitadas cuando entraron a buscar un cargador,

esa manera de recogerme el cabello,

tus marcas en la muñeca para que no se pasaran de listos con la cuenta,

la espuma que generábamos el uno al otro bajo la lluvia ficticia y, claro:

“¡Mira ese montón de gotas, sube los brazos!”,

cuatros años atrás, al escribirme bajo un cielo estrellado a 2.200 metros de altura,

el patrocinio de los últimos días,

los pendientes que me tumbabas,

tu encanto por mis uñas,

despertarte luego de escaparme en mi propia casa,

la foto en Oriente de un tubito verdadero,

las colas vergonzosas,

cada inexplicable comunión.

Y tú, mi “pensamiento recurrente”.

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